Friday, April 27, 2012

El «sunicuhijo»



Desde 1820 hasta la abolición de la pena de muerte en su Constitución de 1978, España utilizó un dispositivo de tortura denominado «el garrote vil». El prisionero era sentado de espaldas contra un grueso poste que tenía un orificio ubicado a la altura de su cuello. Por éste se introducía una soga que rodeaba su garganta y emergía del otro lado, donde se insertaba entre la soga un garrote que luego era rotado por el verdugo, hasta estrangular al condenado. Delante de éste se ubicaba un sacerdote, quien sostenía un crucifico frente a su rostro, para que la víctima rezara el Credo mientras el verdugo hacía girar el garrote y tensara la cuerda. El público habitual era tan entendido en este tormento que hasta calculaba el tiempo en el que se produciría la muerte y llegaban  a hacer apuestas. La experiencia mostraba que el promedio de sacrificados sólo alcanzaba a llegar al «sunicuhijo» del Credo. La oración iba (va) así: «Creo en un solo Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y en Jesucristo, su único hijo...», y hasta este punto dejaba de rezar el reo, por lo que el habla popular llegó a fundir estas tres últimas palabras en el mentado «sunicuhijo». Durante el espectáculo, no era extraño que quienes habían apostado que el condenado excedería el «sunicuhijo», alentara a la víctima a resistir y continuar rezando, para proteger su dinero; o que en el caso opuesto, lo insultara si lo veía sucumbir tempranamente.

Cereijido, Marcelino. Teoría general sobre los hijos de puta. Pág. 51



Más adelante, el garrote fue perversamente refinado, para pasar a consistir en un collar de hierro que, por medio de un tornillo, retrocedía hasta matar al acusado por asfixia. La variante denominada catalana incluía un punzón de hierro que penetraba por la parte posterior destruyendo las vértebras cervicales del condenado. El garrote, con sus refinamientos, fue instituido porque el ahorcamiento se consideraba excesivamente cruel, ya que el lapso de tiempo hasta la muerte era mucho más largo.

Fernando VII abolió, en 1828, la pena de muerte en horca y dispuso que, a partir de entonces, se ejecutase a todos los condenados a muerte con el garrote:

«en garrote ordinario los reos pertenecientes al estado llano, en garrote vil los castigados por delitos infamantes y en garrote noble los hijodalgo» —Real Cédula de 28 de abril de 1828

Cada tipo de ejecución llevaba aparejada una escenificación distinta, diferenciándose cada una principalmente por el modo de conducir al condenado hasta el garrote: los condenados a garrote noble iban en caballo ensillado, los de garrote ordinario iban en mula o caballo y los de garrote vil en burro o arrastrados. Es la denominación garrote vil la que ha prevalecido y hoy en día se suele usar este nombre para designar tanto al instrumento como a la pena de muerte que lo utiliza.

La ejecución se anunciaba con unos tambores con el parche flojo, no tirante, que se llamaban "cajas destempladas", de donde ha quedado la expresión.

Fuente: wikipedia



Los últimos condenados por este sistema en España (el anarquista catalán Salvador Puig Antich, en la Cárcel Modelo de Barcelona, y el delincuente común de origen pretendidamente polaco Heinz Ches, en la de Tarragona) fueron ajusticiados el 2 de marzo de 1974.



Portada del periódico francés "Le monde liberetaire" haciendo referencia al garrote vil, pena de muerte medieval que Franco aplicó en España hasta 1974.

Monday, April 16, 2012

En el momento en que el tenista...


En el momento en que el tenista lanza magistralmente
su bala, le posee una inocencia totalmente animal;
en el momento
en que el filósofo sorprende una nueva verdad
es una bestia completa.
Anatole France afirmaba
que el sentimiento religioso
es la función de un órgano especial del cuerpo humano
hasta ahora ignorado y se podría
decir también, entonces
que, en el momento exacto en que un tal órgano
funciona plenamente,
tan puro de malicia está el creyente,
que se diría casi un vegetal.
Oh alma! ¡Oh pensamiento! ¡Oh Marx! ¡Oh Feuerbach !

César Vallejo.

Saturday, April 14, 2012

Ironía en marcha. Abran paso.

A veces una simple ironía puede más que mil argumentos. Disfruten.


                   

Thursday, April 12, 2012

La práctica del ateísmo conlleva ciertas consecuencias. No voy a ponerme aquí en el papel de la pobre víctima de las circunstancias, aunque algo de eso hay. El ateo es víctima de discriminación, pero en pocos casos esa discriminación puede llevarse ante una corte o puede ser considerada como lo que es (en el caso de ser despedido de un trabajo, por ejemplo). Por lo demás, en cuanto al trato social, la discriminación se hace presente de diferentes formas, la burla, la ironía, cuando no el ataque liso y llano (basta con que uno se declare ateo para que alguien salte como si se lo hubiese insultado personalmente: "A ver, explicame entonces... etc.").
Éste pequeño montaje lo hice sobre una idea que vi en otro sitio. En lo que a mí respecta, refleja, en buena parte, el trato que siento queme brinda la sociedad en la que me ha tocado en suerte vivir.

Wednesday, April 11, 2012

Oscureciendo el oscurantismo.


“A lo largo de los últimos cuatro siglos, durante los cuales el desarrollo de la ciencia ha enseñado gradualmente a los hombres a conocer el comportamiento de la naturaleza y a dominar las fuerzas naturales, el clero ha librado una batalla perdida contra la ciencia, en astronomía y geología, en anatomía y fisiología, en biología, psicología y sociología. Cuando les expulsan de una posición, ocupan otra. Tras haber sido superados en astronomía, hicieron todo lo posible para impedir los avances de la geología; en biología combatieron a Darwin, y en la actualidad luchan contra las teorías científicas de la psicología y la educación. En cada etapa procuran hacer olvidar al público su oscurantismo anterior a fin de que su oscurantismo actual no sea reconocido como lo que es.”
Bertrand Russell (1872–1970), Compendio de pacotilla intelectual. Citado por Christopher Hitchens en Dios no existe (1ª ed., Debate, Buenos Aires, 2009, p. 263).

Es inevitable, cada tanto me encuentro casi en la obligación de transcribir algo de Bertrand Russell. Las razones son muchas y, a la vez son pocas o, podría decirse, para no caer en tontas paradojas, que podrían sintetizarse en muy pocas: porque la lucidez y la lógica son bienes cada día más escasos (y es por eso que se agradece tanto su aparición en cada lectura, por ejemplo) y porque es un deber dar a conocer frases como la que se transcribe más arriba. Y porque hay que ser agradecidos, qué tanto.
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